Roberto “Turco” Salomón, un entrenador todo terreno

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“Yo pensaba que esta nota la iban a escribir para el día de mi muerte”, dijo Roberto “Turco” Salomón. Y sin embargo, El Tribuno pensó en el Turco, que hoy cumple 57 años, porque tiene una trayectoria indiscutible dentro la historia del deporte de SALTA. “Yo soy un entrenador del corazón”, dijo sin disimulos. Y aunque con los entrenadores todos la pasan mal, con este personaje sucede algo extraño y es que todos hablan bien.

Comenzó a los 12 años y no paró nunca. Se detuvo solo en sus dos vitrinas en las que exhibe una innumerable cantidad de trofeos, banderines y reconocimientos que cosechó en su extensa carrera llena de amigos y recuerdos.

Se sienta en una silla y saca un cuaderno. Tiene tantos nombres, instituciones y recuerdos que nos anota en un gloria tapa blanda. Es como si no se quisiera olvidar de nadie.

El fondo de la casa donde nació daba a Don Bosco, así que se pasaba las tardes completas jugando al fútbol. Ya ni se acuerda cuándo comenzó. Lo que sí sabe es que a los 6 años integró el equipo de béisbol Piratas. El pastor Nil Long le fomentó el deporte.

A los 12 años su papá consiguió la casita en La Loma. En ese momento el barrio era solo eso y todo lo demás, monte.

Con esa edad conformaron, junto a su hermano Rubén y Yayo Rojas, el Centro Juvenil Barrio La Loma. Se armó entonces el equipo de Los Pumas que llegaron a ser subcampeones de Liga. Ahí fue cuando el Turco armó un equipo de softball con las chicas del barrio y comenzó a entrenarlas.

“Persistiré hasta alcanzar el éxito”, dijo que fue la frase de esa institución. Frase que la tiene anotada y que guía hasta hoy el gimnasio que logró armar con esa impronta.

En el Comercial I entró en la competencia fuerte. Albo hasta la ñascha, comenzó a jugar para los equipos de inferiores de fútbol y rugby de Gimnasia y Tiro.

“Yo debuto a los 14 años en la primera división de fútbol cuando el técnico Maldonado me hace entrar contra Villa San Antonio. No terminé el partido porque me expulsaron”, recordó. Quizás por eso nunca entrenó a los árbitros, cosa que nadie lo podrá saber.

A los 20, luego de realizar la correspondiente colimba, comenzó a enseñar natación en la Unión Sirio Libanesa. Ahí empezó a diseñar los equipos que luego representarían exitosamente a Salta en las competencias nacionales. Entrenaban tres meses en las piletas.

Los resultados se vieron y el entrenador recuerda a los hermanos David en equipos con varias medallas. “Yo era un loco de la guerra”, disparó.

En la intendencia del Ciego Sángari, llegó a ser secretario de Deportes municipal y logró enseñarles personalmente a 900 niños en el complejo Nicolás Vitale.

Hay muchos sucesos en paralelo que nombra, por lo que uno puede entender que siempre hizo muchas cosas a la vez.

A los 20 años también comenzó a entrenar al plantel del exquisito Club Comercio, siendo el técnico Lalo Dip.

Luego estuvo años en Central Norte y trabajó con los técnicos Marcial Acosta, Bruno Iezzi, Paco Mosquera, el Sordo Fernández y el Vikingo Maladot, entre otras glorias.
También entrenó a boxeadores como Héctor Hugo Vilte, Aaron Soria, Rocky Medina y el Puma Arroyo.

“¿Cómo hacía con los jugadores? Lo que hay que lograr es una buena relación con el técnico. Pero por sobre todas las cosas hay que apasionarse y saber que en un equipo todos somos importantes”, dijo.

¿Sobre cómo dejó los clubes? Estaba encargado de la preparación física de las inferiores Gimnasia y Tiro cuando el club comenzaba su larga penurias de descensos indefectibles. Lo llamó Patricio Hernández y le propuso trabajo “ad honorem”.

El Turco se cansó de trabajar para otros. Con los hermanos vendieron la casa de La Loma, más un préstamos y la ayuda de su suegro armaron el gimnasio en donde se realizó esta nota.

“Yo le tengo que agradecer a mi mujer Belinda y mi suegro que son los que me dieron la fuerza para armar este sueño. Ahora entreno a quien quiero y yo les quiero decir a todos que voy a morir entrenando a gente”, dijo en el final.

Una nota de Antonio Gaspar del Diario El Tribuno