Macri logró aprobar un acuerdo comercial con Chile, con respaldo del peronismo

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Se trata del pacto de complementariedad económica, que incluye la obra pública. Sólo el kirchnerismo se opuso, pero facilitó el quórum por gestión de Monzó.

El vínculo de Mauricio Macri con su amigo y colega Sebastián Piñera fue fortalecido en la última sesión de Diputados: Cambiemos logró aprobar el acuerdo de complementación económica 35 con Chile, que facilita el comercio bilateral y podría habilitar el desembarco de empresas trasandinas en la obra pública, en plena crisis de las constructoras locales por el escándalo de los cuadernos. 

Es uno de los compromisos asumidos por ambos países en el acuerdo firmado por Macri y Piñera en enero en Montevideo y avalado en forma definitiva por el Congreso recién el pasado martes con el solo rechazo del kirchnerismo, aunque con una pequeña complicidad.

Es que la ley se aprobó con 112 votos a favor y 46 en contra, o sea, lejos de los 129 de la mayoría simple. Si los kirchneristas se iban de sus bancas la sesión se caía, pero no lo hicieron, éxito de la rosca de Monzó con Agustín Rossi.

Es que el flaco número de votos a favor sólo se explica por la ausencia de varios diputados de Cambiemos que podrían haber aparecido en otra sesión, si el acuerdo se caía en el recinto por segunda sesión consecutiva. Rossi lo entendió pero sus dirigidos Guillermo Carmona y Axel Kicillof reprobaron el acuerdo que poco se difundió y tiene aspectos que pueden traer polémica, al menos mientras no se expliquen bien. 

El acuerdo incluye los contratos de obras públicas entre las modalidades contractuales para negociar entre ambos países. La CAME pidió monitorearlo de ceca.  

El principal es la posibilidad que multinacionales residentes en Chile crucen la cordillera para competir en obra pública. Al menos eso habilita el inciso b del punto 7.2, que define entre el ámbito de aplicación del acuerdo “cualquier modalidad contractual, incluida la compra, el alquiler o arrendamiento, con o sin opción de compra y contratos de concesión de obras públicas”.

También contempla devoluciones, diferimientos y exenciones del pago de los derechos de aduana, entre otros compromisos que de todas maneras luego deberán materializarse.

La relación entre Macri y Piñera no es nueva. Amigos cuando eran empresarios reconocidos en sus países, recobraron la confianza cuando el accionista de Lan retomó al palacio de la Moneda. Fue invitado al G20 y protagonizó una conferencia de prensa con la clara intención de marcar la pauta del documento final, por entonces negociado por los sherpas argentinos.

“El problema no es de chilenos versus argentinos o de argentinos versus chilenos. Aquí estamos ante corporaciones frente a pequeñas y medianas empresas; estamos ante empresas nacionales frente a las grandes transnacionales”, denunció Guillermo Carmona y reclamó un “estudio de impacto económico”, que la Cancillería nunca le envió.

“No sabemos qué efecto tendrá la posibilidad de compras del Estado nacional -incluso podrían sumarse provincias y municipios- a este criterio sobre nuestras pequeñas, medianas y también grandes empresas para la provisión de bienes y servicios al Estado. Este es un tema central”, protestó.

Temerosa de un debate incómodo, Cornelia Schmidt Lierman, la macrista que preside la Comisión de Relaciones Internacionales, agotó las negociaciones con Carmona en conversaciones privadas, pero en el recinto trató de hablar lo menos posible.

“El convenio viene a ampliar y a profundizar los instrumentos jurídicos que actualmente nos rigen en materia comercial. Sin lugar a dudas, esto nos va a permitir generar mayor fraternidad y como región sudamericana, demostrarle al mundo que no solo tenemos riqueza, sino que también compartimos valores, que es algo que este mundo necesita más que nunca”, se limitó a decir.

Reconoció que la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) le pidió monitorear la llegada de cada empresa chilenas que pueda molestar. “El convenio contradice la ley de promoción Pyme, enviada por el Gobierno. Lo más triste de la situación es que hoy votarán afirmativamente un acuerdo de libre comercio sin conocer un solo dato de cómo afectará a nuestra industria, al trabajo de la Argentina. Lo apoyarán porque lo dice Macri; o bien, porque necesita decir: “alguno firmé. Fracasé en todos; pero éste con Chile, lo firmé”, provocó Kicillof.

El acuerdo fue posible por el respaldo de Argentina Federal, el bloque de los gobernadores y de algunos massistas como Graciela Camaño y Alejandro Grandinetti. José Ignacio de Mendiguren se fue. 

“Les quiero decir a todos que en esta relación nosotros tenemos superávit comercial. O sea, no es una relación menor”, se justificó el cordobés Martín Llaryora, cercano a Juan Schiaretti, y le pidió a la Cancillería negociar con la oposición la redacción de los próximos convenios. “No tienen mayoría”, recordó. Y los ayudó a aprobar el acuerdo.