Crece la demanda en comedores y merenderos de Salta

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Las Organizaciones sociales de Salta hablan sobre la crisis económica en la provincia, el crecimiento en la cantidad de comedores y el aumento de las demandas en cada uno de ellos.

El hambre en Salta se agrava por la crisis económica brutal de estos dos últimos años y su agravamiento en los últimos meses. Esta realidad la revelan las organizaciones sociales que trabajan en los barrios de la capital salteña y que fueron consultadas por el Semanario Cuarto Poder. “El recrudecimiento de las desigualdades en los últimos meses es fácilmente palpable: aumento de los comedores y merenderos comunitarios, crecimiento de la economía informal, el desempleo y/o subempleo y la malnutrición infantil”, sostienen.

“Quienes están en contacto fluido con estas realidades son las organizaciones barriales, de amplia llegada a los sectores populares. Los principales referentes de los movimientos sociales de Salta coinciden en que todos estos índices se agravaron en los últimos meses:

Bajo la órbita de Barrios de Pie, por ejemplo, funcionan 86 comedores distribuidos en 72 barrios. La concurrencia de niños y adolescentes entre 3 y 16 años se duplicó. Si se toma en cuenta que a los merenderos y comedores cada vez asisten más grupos familiares completos, la cobertura llega a aproximadamente 7000 personas. Niños y abuelos, los más golpeados.

Desde el movimiento Evita, trabajan con 13 merenderos en Salta Capital y proyectan abrir 3 más la semana próxima ante la creciente necesidad. En cada uno de ellos, reciben entre 70 y 90 niños de barrios como: Gauchito Gil, Alta Tensión, La Paz, Las Colinas, entre otros”.

“Muchos de los comedores que funcionan en Salta trabajan en la informalidad absoluta, con escaso o nulo apoyo estatal y, en muchos casos, con la tutela de parroquias, centros vecinales o clubes deportivos. En cualquier caso, el sostenimiento de los mismos depende del esfuerzo diario de los vecinos organizados. Así lo entiende Noelia Aybar, vecina de Ampliación 20 de Junio, quien junto a un puñado de familias, abrieron hace dos semanas el comedor “Pancitas vacías” al que hoy asisten 150 niños. “Yo me levanto a las 6 de la mañana y empiezo a juntar el agua y prender el fuego. Después salgo a buscar el pan y las verduras. Veo muchos chicos que tienen necesidades. Son las 8 o 9 de la mañana y ellos ya están acá preguntando a qué hora está la comida”. Gladys, la almacenera del barrio, comenta mientras sirve las últimas porciones de arroz: “las familias en un principio compraban la verdura de a kilos, en la actualidad te piden una papa, una cebolla o una zanahoria. Conozco a todos los chicos del barrio. Ante tanta necesidad ¿cómo no vamos a hacer algo?”.

El crecimiento de la economía popular es el síntoma irrefutable de que, en los barrios, el desempleo se siente más fuerte.

Oscar Monzón, referente de la CCC Salta lo ilustra claramente: “En la zona sudeste crecieron muchísimo las ferias, es impresionante la gente que hay. En Palermo, los domingos van productores chicos de verdura y hay una diferencia de precios muy grande. En Solidaridad, los productos de limpieza como el detergente o la lavandina son mucho más baratos que las ofertas que encontrás en los supermercados. En todos lados tiran los trapos y empiezan a vender”.

En los barrios de Salta se entrelazan conflictivamente varias realidades. Los desaciertos de los gobiernos impactan de lleno en las calles de ripio nunca pavimentadas, en los merenderos improvisados en patios traseros, en las casas inundadas en verano y en los cuerpos malnutridos de ancianos y niños. “El barrio” y sus postales son el rostro imposible de maquillar por el modelo económico, la cara inocultable del ajuste”.-