La historia viva del periodismo; Néstor Salvador Quintana

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Néstor Salvador Quintana

Néstor Salvador Quintana es periodista y testigo de un tramo crucial la historia de Salta, de la cual Roberto Romero es figura relevante. Radical de pura raza, comunicador prestigioso, actualmente ejerce la docencia y realiza trabajos de investigación en la Universidad Católica. También fue diputado provincial por la UCR cuando Romero era gobernador peronista. La donación de un bien personal a la Provincia, con el propósito específico de que funcione como residencia del gobernador, pero recalcando que solo se trata del gobernador constitucional, no de un interventor o un gobernante surgido de una alteración del sistema institucional, es mucho más que un gesto: es una definición de la visión política que inspiró toda la trayectoria de Roberto Romero”. Para Quintana, quien hoy trabaja en una investigación académica sobre la proyección de los años 60 en el futuro de Salta, el arribo del empresario a la máxima magistratura de la Provincia es la síntesis de un proceso que como matriz sigue vigente hasta estos días.

Es la génesis de una etapa en la que aparecen en escena nuevas figuras, que modifican el escenario político e incorporan una nueva dinámica.

“Antes de ser gobernador, Romero fue como empresario un líder muy dinámico, que atravesaba todas las napas, grietas y prejuicios sociales. Tenía una mirada diferente de la realidad que combinaba con capacidad de realizar gestos simbólicos. Si Robustiano Patrón Costas y monseñor Roberto Tavella prefirieron levantar la Universidad Católica en el norte de la ciudad, para contribuir a descentralizar los ejes del poder, la economía, la urbanización y la cultura, el empresario Romero llevó la redacción de El Tribuno a Limache y en esa zona, en los campos de Aráoz, un poco más al sur, levantó el barrio El Tribuno, con financiamiento del Banco Hipotecario. Ese manejo simbólico de los edificios lo llevó a Romero a construir el Hotel Victoria Plaza en la misma PLAZA 9 DE JULIO, a recuperar un símbolo de la cultura salteña, como la casa de Pajarito Velarde, o a impulsar el Festival Latinoamericano inspirado por dos artistas que llevaban el sello indeleble del diario El Tribuno, Coco Botelli y César Perdiguero. Y es por esa misma razón que decide trasladar la Casa de Gobierno desde Mitre 23, un símbolo del poder elitista, al Grand Bourg. No fueron cuestiones prácticas, solamente, las que lo llevaron a esas decisiones. Es una visión de la identidad salteña que maduró desde los sesenta con toda una generación de liderazgos y dirigencias”.

“Romero deja su casa para la Provincia, y para residencia del gobernador democrático, como un símbolo de la época que representaban su gobierno, los de su generación y la etapa histórica: no podemos olvidar que Raúl Alfonsín en el país y Roberto Romero, en Salta, son los primeros gobernantes de una nueva era, la del fin del golpismo, que es lo mismo que decir, cuando las élites dejan de contar con las fuerzas armadas como instrumento de acceso al poder, no por el voto, sino por un atajo”, reflexiona Néstor Quintana.

Pero su análisis va más lejos: “Hay un gesto que podríamos definir, de alguna manera, como refundacional: Roberto Romero es indiscutiblemente el padre y gestor del Norte Grande. Como empresario y como gobernante, estaba convencido de que Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero conforman una unidad natural entre ellos y con Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones, y también el norte de Santa Fe. Pero además forman un todo con el norte de Chile, Bolivia, Paraguay y el sur de Brasil. Él estaba convencido del potencial de toda esta inmensa región del corredor bioceánico. Por eso creo que donar la casa de su familia es un gesto de enorme dimensión. No es un sacrificio: es un mensaje histórico y una invitación a un compromiso político con una nueva mirada”.

Fuente: El Tribuno